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Portada El Cuento de Mónica

El cuento de Mónica

Por Mónica la Mona

Mónica vivía en la parte más colorida de la selva. No porque fuera distinta, sino porque ella la miraba distinto. Caminaba despacio, frenándose en detalles que otros ni notaban. Una hoja torcida, una rama curva, una piedra con forma rara. Para Mónica, todo podía ser algo más.

Un día encontró un tronco enorme tirado en el suelo. Estaba viejo, torcido y lleno de marcas. Un loro desde arriba dijo que no servía para nada. Mónica no respondió enseguida. Se quedó mirándolo en silencio, como si estuviera esperando que el tronco le dijera algo.

Se sentó arriba y empezó a observarlo. Lo tocó, lo rodeó, se inclinó para verlo desde otro lado. Un mono pasó y le preguntó qué hacía. Mónica le dijo que estaba pensando. El mono miró el tronco y no entendió nada. Para él, era solo eso. Para ella, todavía no.

De golpe se levantó y empezó a moverse por la selva. Juntó hojas grandes, lianas largas, ramas finas. Iba y venía sin parar. No tenía todo claro, pero sentía que esas cosas iban a servir. Algunos animales la miraban sin entender qué estaba haciendo.

Volvió al tronco y empezó a armar. Ató una liana, probó, la soltó. Ajustó una rama, no quedó bien, la cambió. Se le enredaban las manos, se equivocaba, volvía a empezar. El tronco seguía ahí, pero empezaba a cambiar.

En un intento, quedó colgada boca abajo entre las lianas. Se balanceó un poco y se rió sola. Desde una rama, el loro dijo que eso no iba a funcionar. Mónica no discutió. Se desató y volvió a intentar, como si el error fuera parte del juego.

De a poco, la forma empezó a aparecer. Las lianas ya no estaban sueltas, las ramas tenían sentido. El tronco ya no parecía abandonado. Había algo distinto, aunque todavía no estaba terminado.

Mónica se subió, agarró una liana y se dejó caer. El cuerpo se movió hacia adelante y volvió. Se quedó quieta un segundo, sintiendo el movimiento. Algo había encajado. No era perfecto, pero funcionaba.

Otros animales se acercaron. Uno probó y se rió. Otro se cayó. Una rana saltó y salió despedida. El lugar se llenó de movimiento, de ruido, de sorpresa. Lo que antes era un tronco olvidado ahora era un espacio donde todos querían estar.

Mónica se sentó a un costado y miró lo que había hecho. No había empezado con una idea clara. Solo había mirado distinto. Mientras los demás seguían jugando, ella ya estaba mirando otra cosa más allá. Algo que todavía no era nada… pero podía serlo.

Fin
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